Carnaval27/01/2015

La industria que no desfila

Compartimos dos historias de gente que tambien forma parte del espectáculo, por Raquel Patt
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Desde hace varios años, el turismo en Argentina, se ha denominado “la industria sin chimenea”.

La relación directa e indirecta de fuentes de trabajo y movimiento económico para las ciudades que han entendido este mensaje y encontrado la manera de potenciar sus bellezas naturales y fiestas tradicionales, es un claro ejemplo de que se puede producir y crecer en espacios abiertos y sin contaminar.

El Carnaval del País es para Gualeguaychú una gran industria. Muestra de ello es el crecimiento de los clubes que realizan la fiesta. La educación, el deporte y la cultura nuclean hoy, durante el año, a cientos de niños y jóvenes en esos espacios de crecimiento. Los organizadores del evento invierten en su ciudad y los primeros beneficiados, su gente.

Pero no todos desfilan trajes maravillosos ni son protagonistas en la pasarela. Familias enteras forman parte del elenco que llega a las seis de la tarde de cada sábado y se preparan para realizar su trabajo. Para ellos es un trabajo.

 Dagoberto y María llevan once años con la misma rutina, que empieza en enero y termina con la última noche de carnaval. Muchas veces tienen la compañía de algunos de sus siete hijos que “vienen a ayudar y de paso van aprendiendo” dice María a Turismo y Carnaval, y agrega que “lo que se hace acá queda en la familia, es para todos. Se ocupa en lo más necesario primero y si queda y han sido buenas las ventas, invertimos en la huerta de la que vivimos fuera de temporada. En el invierno se hace difícil y algunos cultivos son delicados, hay que protegerlos de las heladas y para eso se necesita plata y la hacemos acá”. El matrimonio vive en la zona del Gualeyán. Integra el grupo de “Feriantes de la Terminal”, donde vende el producto de su quinta orgánica y en la que trabajan todo el año en familia. “En verano, el movimiento turístico te da otras posibilidades y hay que aprovecharlas, siempre hay algo para hacer”, dice Dagoberto, mientras acomoda los tocados con plumas teñidas de colores vibrantes y le indica a su hijo que atienda a un grupo de jóvenes que se acerca a comprar grandes anteojos con luces que encienden y apagan. “Hasta ahora las ventas no son muy buenas, pero ya sabemos que en febrero siempre cambia. Sea poco o mucho para nosotros es una gran ayuda. Tenemos siete hijos, los más chicos van a la escuela y si la temporada es buena, es bueno para todos”. Sonríe y se aleja a cobrar los anteojos vendidos. Por ahora los niños aprenden a atender y mostrar la mercadería. Del dinero se encargan los mayores.

 Unos metros más allá, están los sanitarios para damas. Sentada y con una pequeña mesa que ofrece desde lo indispensable hasta lo impensado, Andrea custodia una alcancía y espera a que la gente se retire para ingresar a desinfectar y “ver que todo haya quedado en condiciones”, dice a Turismo y Carnaval. “Llevo más de diez años en esto. Tengo una experiencia bárbara en baños”, bromea y cuenta que “trabajamos por la propina. Nosotros nos encargamos de la limpieza y mantenimiento, nos traemos todo lo necesario, desde los guantes hasta el detergente y la lavandina. La Comisión tiene en cuenta todos los años a la gente que hace esto y ya en diciembre nos convoca y empezamos a reunirnos. Para mi esto es un trabajo y aunque no tengo sueldo, considero la propina como mi sueldo y lo tomo con mucha responsabilidad”, dice y hay un cierto orgullo en sus palabras. Los locales ya la conocen y la saludan afectuosamente. Los turistas se asombran de que esté dando una nota y esperan con respeto. Porque Andrea también cuenta eso entre sus logros. “Mucha gente no deja nada aunque se lleva papel, pero me saluda y me trata bien, y bueno, no podrán colaborar, no siempre se puede. Hay noches muy buenas y otras no tanto. Ahora ya estoy viendo que mañana nos vamos a comer unos ricos ñoquis y a la tarde mis hijas van a ir a tomar helado”, cuenta mientras de reojo mira la alcancía. “Tengo cinco hijas y mi marido desocupado. Solo cobro dos asignaciones así que el único dinero fijo que entra mensualmente es ese. Fuera de esto cuido personas mayores y también me encargo del mantenimiento de baños del Hipódromo y con eso vamos subsistiendo. De acá me llevo unos doscientos o trescientos pesos a veces menos a veces un poco más, saco para los artículos de limpieza y eso y el resto es ganancia. Voy guardando para comprar los útiles del colegio de las más chicas y algún gustito que nos damos en familia. Si el carnaval no existiera tendría que buscarme otra cosa para hacer en el verano, el mango me lo busco yo honradamente”, finaliza Andrea.

 Esta industria no desfila. Estos protagonistas son algunos de los que trabajan en ella y no se ven en la pasarela. Forma parte de la pequeña economía de muchas familias que harán pequeñas inversiones, en proyectos pequeños, que quizás hagan grandes a sus hijos.

Esto también es el Carnaval del País, la fiesta más grande de Gualeguaychú.

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